Nuestra fundadora

Doña Carmen Gayarre Galbete

Hay personas extraordinarias que lejos de amilanarse, se crecen con las dificultades. Personas llenas de energía que no se conforman con lo que venga ni se sientan en la orilla del camino a llorar sus desgracias. Personas activas que buscan respuestas a sus preguntas y cuya fortaleza de espíritu contagia a cuantos las rodean. Una de esas personas tan especiales fue doña Carmen Gayarre Galbete, nuestra fundadora.

Nacida en Pamplona el 14 de agosto de 1900, doña Carmen fue una mujer muy avanzada para su época tanto en formación como en inquietudes. Estudió Magisterio en la Escuela Normal Oficial de Pamplona y cursó Graduado Social en la Escuela Oficial del Ministerio de Trabajo en Madrid. Y por si fuera poco para una mujer en aquella época en la que las féminas no abundaban en las universidades españolas, doña Carmen se licenció también en Filosofía y Letras, especialidad en Filosofía Pura, por la Universidad de Madrid y se Diplomó por la Escuela de Psicología de Madrid.

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“Hay que ir modificando actitudes, extendiendo su difusión en la sociedad, poco a poco, como una mancha de aceite”

Pero no se conformó con romper moldes solo en nuestro país. Doña Carmen tenía un espíritu curioso e inquieto que la llevó a cursar Estudios Sociales en Bruselas en 1924, donde preparó su tesis de licenciatura titulada “Psicología Infantil: aplicación a la primera infancia”.

 

En 1934 es becada por la Junta para Ampliación de Estudios para estudiar psicología infantil en Viena. Entre 1933 y 1944 fue responsable de la cátedra de Paidología de la Universidad Complutense de Madrid. Hablaba, además de castellano, inglés, francés y alemán.

Casada con el doctor Carlos Gil y Gil, catedrático de Medicina Física en la Universidad Complutense de Madrid, tuvo seis hijos. Cuando en 1942 el menor de ellos, Luis, nació con síndrome de Down y una salud muy precaria, la vida de doña Carmen cambió marcando su futuro profesional y personal. Sin dudarlo un momento, abandonó su cátedra de Paidología para diplomarse en Educación Especial en el Centro Internacional de la Infancia de París cuando esa especialidad aún no existía en España. Quería conocer todo sobre la enfermedad de su hijo para ayudarle a tener la mejor vida posible.

Doña Carmen también fue una pionera de la globalización y del intercambio de conocimiento. Visitó centros y servicios para personas con discapacidad intelectual en Europa, Canadá y Estados Unidos, siempre impulsada por el apoyo de su marido, su propia inquietud, su tesón y su dominio de otros idiomas.

Era una mujer con gran fuerza de voluntad y energía, tesón, vitalidad, entusiasmo, optimismo, sentido social y una profunda religiosidad que guio todos los actos de su vida.

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Defendió con ahínco las posibilidades de educación de las personas con discapacidad, incluso de las más afectas. Siempre reivindicó la necesidad de mejorar su calidad de vida bajo los mismos parámetros por los que tratamos a personas sin discapacidad: la educación, el impulso de su vida profesional, el desarrollo de la vida familiar y espiritual, el derecho a la vivienda y el acceso al ocio.

Decía de sí misma «no ser una persona creativa, pero sí una gran adaptadora». Y fue esa capacidad de adaptación y ese carácter luchador los que la hicieron artífice de aspectos innovadores en el mundo de la discapacidad como el PAC (Cuadro para la evaluación en el Desarrollo Social y Personal) del Dr. Gunzburg, el diagnóstico médico y psicológico, la importancia de la educación en la preparación para la vida, la adquisición de competencia social y la aplicación de los principios de individualización, integración y normalización.

También introdujo técnicas complementarias en el tratamiento de la discapacidad, como la atención temprana, psicoterapia, terapia de expresión, terapia ocupacional, musicoterapia, rehabilitación del lenguaje, fisioterapia, psicomotricidad, deporte, modificación de conducta o la lectura funcional, entre otras.

“El mejor maestro, el ejemplo”

Su extraordinaria labor ya fue ampliamente recogida y reconocida por la prensa de la época. Sobre ella y su trabajo escribieron importantes columnistas como José María Pemán, José María Sánchez Silva o el profesor Juan Zaragüeta. Periódicos como la Hoja del Lunes dedicaron a la Fundación que doña Carmen creó interesantes reportajes, como el titulado “Visita emocionante a un centro de educación especial”. Incluso el conocido periodista Luis del Olmo habló sobre su vida y obra.

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Doña Carmen murió el 3 de enero de 1996. El diario ABC le dedicó un editorial por su fallecimiento. A pesar de «las servidumbres de la edad», como ella misma decía, mantuvo hasta el final un notable nivel de actividad, siempre pendiente de las personas y de las acciones de la Fundación. Gracias a su incansable labor, dejó tras de sí una institución sólida y un equipo unido y comprometido con el ideario de la atención y servicio a las personas con discapacidad intelectual y de sus familias.

 

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