La Universidad Pontificia Comillas acogió el pasado 15 de octubre la II Jornada de Espiritualidad y Discapacidad Intelectual, un espacio de encuentro, reflexión y diálogo que reunió a profesionales, representantes de la Iglesia, entidades sociales y personas comprometidas con la inclusión. Bajo el lema «Espiritualidad sin barreras. Un derecho de todos», la jornada volvió a poner sobre la mesa una cuestión fundamental: el derecho de las personas con discapacidad intelectual a desarrollar su dimensión espiritual, expresar sus creencias y vivir sus experiencias de fe con libertad y con los apoyos que necesiten.
La jornada estuvo organizada por el Instituto Universitario de la Familia de la Universidad Pontificia Comillas, Casa Santa Teresa, Fundación Astier Centro San José y Fundación Gil Gayarre, con la colaboración de Plena Inclusión Madrid y ASULAN. La iniciativa da continuidad al encuentro celebrado en 2025 y refuerza el compromiso compartido de avanzar hacia comunidades en las que todas las personas puedan encontrar espacios accesibles y significativos para vivir su espiritualidad.
La espiritualidad es una dimensión esencial de la persona. Está relacionada con la búsqueda de sentido, la conexión con los demás y con aquello que trasciende la experiencia cotidiana, y puede expresarse de diferentes maneras. Reconocerla significa comprender que la inclusión debe contemplar todas las dimensiones de la vida, también aquellas relacionadas con las creencias, la fe, la interioridad y la trascendencia.
Una inclusión que reconoce todas las dimensiones de la persona
La apertura institucional contó con la participación de Antonio Allende, SJ, rector magnífico de la Universidad Pontificia Comillas; Sor María Granados, coordinadora del Secretariado de la Comisión Episcopal para la Evangelización, Catequesis y Catecumenado de la Conferencia Episcopal Española; Tomás Sancho, presidente de Plena Inclusión Madrid, y Amparo González Gómez, directora general de la Fundación Gil Gayarre.
En su intervención, Amparo González subrayó que: "Hablar de espiritualidad es hablar de dignidad, de sentido, de esperanza, y de todo aquello que nos ayuda a vivir plenamente. La espiritualidad debe vivirse de manera libre y con todos los apoyos necesarios para que pueda expresarse con esa libertad".
Por su parte, el rector de Comillas destacó los aprendizajes que surgen de la experiencia universitaria con personas con discapacidad intelectual. «Las experiencias que vivimos en la Universidad con las personas con discapacidad intelectual nos han enseñado que la inclusión debe contemplar a las personas en todas sus dimensiones. En este camino hemos descubierto a las personas con discapacidad intelectual no solamente como destinatarias de acompañamiento, sino también como protagonistas de su propia experiencia de fe ayudándonos a redescubrir la profundidad, la autenticiadad y la sencillez del encuentro con Dios.”
También Tomás Sancho valoró la importancia de abrir este espacio de reflexión: "En la jornada del año pasado se abrió una conversación que vale la pena continuar. No es posible hablar de una vida plena si se deja fuera una dimensión tan profundamente humana. Reconocer este derecho es imprescindible, pero no suficiente. También es necesario aprender de las propias personas con discapacidad intelectual sobre las distintas maneras de vivir, expresar y compartir la espiritualidad."
La teología ante la fragilidad y la diversidad humana
La primera ponencia de la mañana, titulada «El Espíritu se derrama en la fragilidad», corrió a cargo de Carmen Massé, profesora de la Universidad Pontificia Comillas. Su intervención invitó a cuestionar algunas ideas preconcebidas sobre la capacidad humana y la experiencia de Dios.
A partir de la expresión Homo capax Dei, que entiende al ser humano como capaz de Dios, planteó una pregunta provocadora: «Si el ser humano es capaz de Dios porque está hecho a imagen y semejanza suya, ¿es posible la discapacidad de Dios? ¿Hay algún tipo de discapacidad que nos incapacite para el deseo y el encuentro con Dios?».
“No se trata de un sexto sentido, no es la voluntad o la inteligencia la que nos posibilita hacia ese encuentro con Dios. Los seres humanos tenemos inscrita en nuestra propia naturaleza una estructura ontológica orientada al misterio, la trascendencia, y a Dios.”
“Ser más sabio o más autónomo para vivir en este complicado mundo no es directamente proporcional a tener más fe, mayor experiencia de Dios o mejor respuesta ética ante el mal del mundo".
“Cuando se trata de percibir la realidad desde claves diferentes, o de responder a la verdad, a la bondad o a la belleza desde parámetros que a muchos nos resultan inalcanzanbles las personas con discapacidad intelectutal se tornan en ocasiones en verdaderos maestros espirituales, gurús de experiencias que no muchas veces llegamos a entender.”
A continuación, la mesa redonda «Teología y discapacidad» profundizó en tres cuestiones fundamentales:
"La persona con discapacidad como lugar teológico», a cargo de Jorge Úbeda, profesor de la Universidad Pontificia Comillas: “Normalmente tendemos a pensar al ser humano desde “el mejor caso del ser humano”. No nos lo imaginamos mayor, o sin una pierna, o con otras características que también se dan en lo humano.
Pero definir lo normal define también lo que queda excluido de lo normal. [...] Pero nos podemos preguntar quien ha puesto la norma [...] En la teología también se puede pasar que se deje llevar por esta antropología de la normalidad. ¿Cómo empezar a pensar al ser humano desde la “no normalidad”? ¿Dios nos quiere normales? ¿Leeis en la Biblia que Dios haga cosas “normales”?”
«El acceso a los sacramentos de la persona con discapacidad intelectual», presentada por Miguel Campo, SJ, de la Universidad Pontificia Comillas. Su intervención abordó el derecho de las personas con discapacidad a participar en la vida sacramental de la Iglesia. Campo recordó la importancia de recuperar el sentido sinodal de la comunidad cristiana, basado en caminar juntos, escuchar y favorecer la participación. En este contexto, evocó las palabras del papa Francisco: "Nadie puede negar los sacramentos a las personas con discapacidad".
«Discapacidad en la Sagrada Escritura», a cargo de Marta García, de la Universidad Pontificia Comillas. Su reflexión partió de los dos relatos de la creación del Génesis, que iluminan la dignidad humana desde perspectivas complementarias. "El primero sitúa la dignidad humana en la gratuidad, no en la capacidad productiva. El segundo lo sitúa en la apertura a Dios , no en la autonomía funcional.”
Experiencias de pastoral inclusiva: acompañar desde la diversidad
La segunda mesa redonda de la mañana, «Entornos para el desarrollo espiritual en la misión», trasladó la reflexión teológica a la práctica cotidiana y presentó experiencias de pastoral inclusiva desarrolladas en diferentes contextos.
La mesa reunió cuatro intervenciones:
Las experiencias compartidas mostraron diferentes maneras de acercar la espiritualidad a las personas con discapacidad intelectual desde los entornos educativos, los centros de apoyo y las comunidades eclesiales. Todas ellas apuntaron a la importancia de adaptar los espacios, los lenguajes y las propuestas para favorecer una participación auténtica.
Herramientas para una espiritualidad accesible
Por la tarde, la mesa redonda «Propuestas metodológicas inclusivas» presentó recursos y experiencias concretas para avanzar hacia un acompañamiento espiritual más accesible.
Las intervenciones fueron las siguientes:
«Proyecto NAIM», presentado por Elisabeth Chuquipiondo, de la Archidiócesis de Madrid.
«Pictogramas para catequesis accesible», a cargo de M.ª Ángeles Aznárez, de la Conferencia Episcopal Española.
«Catequesis de 1.ª Comunión», una experiencia de la Fundación Bobath cuya presentación quedó pendiente de confirmación de ponente en el programa.
«Culto sencillo», presentado por Ana Leida, de la Comunidad Mes Vida, Fe y Luz Valencia.
Estas propuestas pusieron el foco en la necesidad de desarrollar metodologías, herramientas visuales y formas de comunicación que permitan a cada persona acercarse a la espiritualidad de una manera comprensible y significativa.
Los recursos accesibles pueden facilitar la participación en la catequesis, las celebraciones y los espacios de oración, pero su valor va más allá de hacer comprensibles los contenidos. También contribuyen a que las personas con discapacidad intelectual puedan expresar sus preguntas, compartir sus vivencias y participar activamente en la vida de sus comunidades.
La jornada continuó con una mesa de testimonios centrada en tres experiencias:
- Del Padre Goyo y su experiencia en nuestra Fundación Gil Gayarre.
- De Arancha Garay, de Fe y Luz, profesora de Comillas y madre de un hijo con discapacidad intelectual.
- De Miriam Medina, de Fe y Luz, alumni de Comillas, joven con discapacidad intelectual.
La jornada aún contaba con un momento muy especial. Tres mujeres con discapacidad salieron al escenario y nos dieron claves, opiniones y experiencias personales acerca de sus propia experiencia espiritual. Fueron Ana Orozco, Fundación Astier, Sofía Rodríguez, Fundación Gil Garre, y Laurentina Gómez, de Casa Santa Teresa.
La jornada concluyó con una clausura musical llena de creatividad y alegría a cargo de Miguelli, poniendo el broche final a una jornada de reflexión, aprendizaje e intercambio.
Un compromiso compartido para seguir avanzando
La celebración de esta segunda edición refuerza la convicción de que la dimensión espiritual debe formar parte de una comprensión integral de la persona. Para la Fundación Gil Gayarre, este compromiso se traduce en seguir promoviendo una mirada que reconozca la dignidad de cada persona con discapacidad intelectual y que garantice las oportunidades y los apoyos necesarios para desarrollar su proyecto de vida en todas sus dimensiones.
La jornada deja una invitación a continuar trabajando en colaboración con las familias, los profesionales, las entidades sociales, las comunidades religiosas y las propias personas con discapacidad intelectual. Escuchar sus experiencias, respetar su libertad y crear espacios accesibles son pasos imprescindibles para que la espiritualidad pueda vivirse sin barreras.
Porque la inclusión también significa reconocer el derecho de cada persona a buscar sentido, vivir sus creencias, compartir sus preguntas y construir su propia experiencia espiritual. Y porque, como recordó Amparo González, "hablar de espiritualidad es hablar de dignidad, esperanza y de todo aquello que nos ayuda a vivir plenamente".
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